Cosas de la vida

27 enero 2010

Injusticia, demagogia y apariencia

Filed under: Educación,Filosofía,movilización — Montse @ 10:30 pm

MÁS CIRCO Y MÁS PAN

La justicia perdona culpables, venden armas y firman la paz;

el alcalde se viste de amable y devuelve emigrantes al mar.

Mientras la prensa está en la despensa, tú y yo a callar,

que los padres de la Patria nos darán más circo y más pan.

Porque el que parte nunca reparte parte del pastel, si la cosa va mal a callar.

Porque el que parte nunca reparte parte del pastel,

que los padres de la Patria nos darán más circo y más pan.

Quiera el cielo que aguantes el hambre, quiera dios que no esté en tu lugar,

sólo vales si sales rentable, caiga quien caiga nos da todo igual.

Que el contrabando engorda los bancos, tú y yo a callar.

Que los padres de la Patria nos darán más circo y más pan.

¡Ay de aquél que llegó de otra parte, ay de aquel que no pudo llegar!

quiera el cielo que aguantes el hambre, quiera dios que no esté en tu lugar.

Lo nuestro es nuestro, un Padre Nuestro, tú y yo a callar.

Que los padres de la Patria nos darán más circo y más pan

(Amistades Peligraosas)

Esta canción de Amistades Peligrosas que pertenece a su disco Nueva Era, vio la luz en 1997. Es lamentable que lo que en ella se denuncia sea hoy tan actual o más como hace 13 años. La Política, esa actividad noble ligada a la Ética, se está convirtiendo cada vez más en politiqueo (en política con minúscula). La política está cada vez más alejada de los ciudadanos y ciudadanas quienes cada día somos más conscientes de que muchos políticos en lugar de servir al cargo se  sirven del cargo, quienes nos sentimos decepcionados al ver que los intereses partidistas priman sobre lo éticamente justo, quienes vemos que muchas veces la democracia se convierte en demagogia donde sólo interesa parecer aunque no sea.

No obstante, la salida no está en el pasotismo sino en el ejercicio auténtico de la democracia y para eso hay que plantar cara a los políticos, pedirles cuentas de sus actuaciones políticas, recordarles que ellos son nuestros representantes y no nuestros amos y que están ahí para servirnos y no para servirse. Renunciar a nuestras obligaciones como ciudadanos/as significa, en último término, renunciar a nuestra felicidad, no renunciemos a ella.

Un saludo, Montse

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