Cosas de la vida

14 enero 2010

¡Qué asco!

Filed under: Filosofía,General,Perplejidad — Montse @ 12:49 am

En el en Ayuntamiento de Vic (Barcelona) quieren poner en marcha una nueva normativa por la cual no se va a empadronar a los inmigrantes sin papeles en dicho municipio. Negar el empadronamiento supone negar el acceso a bienes básicos como la Sanidad y la Educación. Y, esto trasladado a personas de carne y hueso, supone que un niño o una niña de 5 años no pueda ir al colegio ni ser atendido por la sanidad pública si está en Vic. Esté por lo que esté, el caso es que si está y está sin papeles (cosa de la que él/ella no es responsable) no tendrá acceso a esos bienes básicos.

Ese niño o esa niña de 5 años, a quien quizá su familia cometió del delito de traer aquí para poder darle una vida digna (¡qué gran delito!), será condenado/a por un “delito” del que él o ella no es responsable.

Además, leo en elpais.com que “Tanto el alcalde, Josep Maria Vila d’Abadal (CiU) como los concejales del PSC, Josep Burgaya, y ERC, Joan López Carol, han defendido la legalidad “y legitimidad” de la medida” y me pregunto: ¿Las siglas PSC y ERC corresponden a Partido Socialista de Cataluña y Esquerra Republicana de Catalunya, respectivamente? ¿Pero estos partidos no defendían la igualdad de oportunidades para todos las personas? ¿Es que los sin papeles no son personas? ¡No entiendo nada! (Si pinchas sobre la viñeta con el botón derecho podrás verla en grande)

Y es que, como nos canta Aute:  ahora que ya no hay trincheras, el combate es la escalera y el que trepe a lo más alto pondrá a salvo su cabeza … Míralos como reptiles, al acecho de la presa, negociando en cada mesa maquillajes de ocasión; siguen todos los raíles que conduzcan a la cumbre …  Antes iban de profetas y ahora el éxito es su meta; mercaderes, traficantes, más que náusea dan tristeza …  Me hablaron de futuros fraternales, solidarios, donde todo lo falsario acabaría en el pilón. Y ahora que se cae el muro ya no somos tan iguales, tanto vendes, tanto vales.


Después, reviso la Declaración Universal de los Derechos Humanos y veo que en los artículos 13 y 15 se establece lo que sigue:

Artículo 13

  • 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
  • 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 15

  • 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
  • 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Así las cosas, no sé si lo que pretende el Ayuntamiento de Vic será o no legal, lo que sí parece claro es que no es legítimo (ético). Y no sólo no es legítimo lo que se pretenden en Vic sino que tampoco lo es la hipocresía de todos los demás que se rasgan las vestiduras por lo que se quiere hacer en Vic y, sin embargo, permiten que haya seres humanos ilegales. Es decir, la hipocresía de todos aquellos que quieren empadronar pero se niegan a reconocer a esas personas como ciudadanos que es lo único que garantiza que sean personas con derechos y deberes.

A veces pienso que somos una nueva especie, la especie que va detrás del homo sapiens-sapiens y a la que deberíamos llamar homo sapiens-inhumanis. ¡Por favor, que alguien pare el mundo y le imprima otro rumbo!

Un saludo, Montse

Actualización 14 horas después:

Josep Ramoneda en su artículo Perder los papeles publicado hoy en ELPAÍS.com reflexiona sobre lo que está ocurriendo en Vic y pone de manifiesto la diferencia entre legalidad y legitimidad, entre lo legal y lo justo, entre la justicia legal y la justicia ética. Entre otras cosas afirma:

Me da absolutamente igual que sea legal o no la decisión del Ayuntamiento de Vic. Me parece igual de repugnante. En una sociedad en que la igualdad se ha convertido en una quimera, al inmigrante ilegal -esta terrible figura que niega la condición humana a una parte de los que habitan entre nosotros- sólo le quedaba una forma de reconocimiento público, un primer esbozo de ciudadanía: figurar en el padrón. Era la única posibilidad de ser algo más que nadie: tener, por lo menos, el nombre reconocido en la lista de los habitantes de la ciudad. Primera y tibia promesa de una futura ciudadanía y puerta de acceso a la más elemental atención: la sanitaria.

Si precario es el argumento legal, más grave es otro argumento que ha sonado estos días: el económico. Negar el derecho a la asistencia básica a los ilegales como una forma de reducir gastos.

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