Cosas de la vida

3 junio 2007

Soy feliz siendo profesora

Filed under: Educación,General — Montse @ 10:05 am

És@s que se pasan la vida lamentándose de lo mal que están ahora las cosas en la educación sólo asumen los cambios que les convienen. Todo ha cambiado a peor, dicen, pero ell@s ya no van nunca a clase por la tarde sino que se aprovechan de la jornada continua que esta “ley desastre” les permite; ya no tienen clases de 40 alumn@s sino que se acogen a los beneficios del presente horroroso que ahora les ha tocado vivir; etc., etc., etc.

En fin lo de siempre, una mano larga y otra corta. Larga para lo que nos conviene y corta para lo que no nos interesa. ¡Qué aburrimiento! No niego que haya muchas cosas que mejorar en la educación de hoy, pero no admito que todo sea tan desastroso como algun@s se empeñan en afirmar. Todavía no he olvidado a las gemelas que iban a clase conmigo y que desaparecieron a edad muy temprana (no llegaron ni a 6º de EGB), y a tant@s y tant@s otr@s que el sistema educativo y la sociedad de entonces condenó al olvido porque no se ajustaban al perfil que al sistema le interesaba (y no hace tanto de lo que digo, tengo 38 años). Y como ése, muchos otros casos vergonzosos e inhumanos que sucedieron en “aquellos maravillosos años” que algun@s tanto añoran.

No está todo bien, hay mucho que mejorar pero no creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sí más clasista, más inhumano y con más privilegios; pero no más justo. Tampoco se me ha olvidado cómo uno de mis maestros despeinaba a una de mis amigas a fuerza de golpecitos en la cabeza porque no sabía despejar una x. Tampoco se me ha olvidado que a mí me trataran mejor que a much@s otr@s porque yo tenía la facilidad de sacar buenas notas, lo que nunca me pareció justo aunque me beneficiara. Y tantos y tantos valores que transmitían a través de un currículo oculto l@s que ahora se rasgan las vestiduras porque hay que educar en valores. ¿Acaso no lo han hecho siempre?, ¿o es que lo que les duele es educar en valores no elitistas, ni discriminatorios, ni machistas, ni autoritarios?

Un tal Francisco me preguntaba en uno de sus comentarios a mi anterior post lo siguiente: ¿Alguna crítica, reconvención o consejo a la Administración, inspectores, alumnos, etc.? (Cito textualmente). Pues sí, claro que hay cosas que debe mejorar la Administración, cosas que deben mejorar l@s alumn@s, los padres y la madres, la sociedad, etc. Pero de nada sirve pasarse la vida lamentándose de cosas que no dependen de un@ mism@. A mí, como profesora, lo que me preocupa es lo que yo puedo y debo hacer para mejorar las cosas (entre otras cosas porque para eso me pagan), si otras instancias no hacen lo que deben es su problema no el mío. Es muy cómodo echar balones fuera, ¿qué pensaríamos de un médico que decidiera no atender a un enfermo de cáncer porque no deja de fumar? (algo parecido a no atender a un alumno o alumna porque no hace nada y sus padres pasan de todo, ¿no?). Yo creo que mi deber es cumplir con mi obligación y no puedo no cumplirla poniendo como excusa que otr@s no la cumplen.

En otro comentario a mi post anterior, un tal RM decía lo que sigue: Educar no es almacenar los niños en las guarderías en que la Administración ha convertido los IES, donde van a ligar, a ver a sus colegas, a boicotear las clases, a pasárselo bien o a pasar los días hasta cumplir los 16 porque lo dice la ley. Educar es otra cosa. Totalmente de acuerdo RM, educar es otra cosa. Educar es tener la convicción de que las cosas se pueden mejorar, que deben ser mejoradas y que queremos mejorarlas. Educar es tener la convicción de que tienes algo que transmitir a tus alumn@s y, por eso, además de ligar, ver a sus colegas, pasárselo bien (cosas que no tienen nada de malo, por otra parte) aprenden, maduran, se hacen mejores personas… Educar es tener la convicción de que un@ tiene herramientas suficientes para impedir que unos adolescentes le boicoteen las clases y hacer todo lo posible para que el tiempo que pasa hasta que l@s alumn@s cumplen los 16 sea algo más que dejar pasar el tiempo. Y si no, siempre queda la desobediencia civil ejercida con todas sus consecuencias, ¿no?.

Un saludo, Montse.

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32 comentarios »

  1. ¡Y yo también soy feliz siendo profesor! Di que sí Montse. Esta es una forma de ver la vida, una actitud, un compromiso. Y aunque la educación no interese en general, aquí estaremos.

    Comentario por Juanjo Muñoz — 3 junio 2007 @ 2:35 pm | Responder

  2. Flaco favor haces -te haces- a la mejora de la enseñanza en España con tus constantes sospechas y desprecios hacia los profesores. Con ello lo único que consigues es debilitarlos aún más ante la opinión pública y ayudar un poco más a su desprestigio, que también a ti te alcanzará, aunque creas estar a salvo.. el desprestigio que lanzas sobre el colectivo, no lo dudes, también cae sobre ti.

    Saludos

    Comentario por Heinrich Heine — 3 junio 2007 @ 8:35 pm | Responder

  3. Me permito intervenir para aclararte Heinrich, porque leo este blog desde hace mucho tiempo, que no he leído nada aquí que no sea absolutmente positivo para los docentes. No he visto crítcas generales, sino críticas a actitudes puntuales que, además, nos hacen mejorar. El desprestigio estará más bien en mantener actitudes indefendibles que en criticar esas mismas actitudes. Decir que todo es muy bonito aunque no lo sea sería una señal de conformismo y complicidad. En definitiva, que carece de sentido lo que dices.
    Saludos.

    Comentario por Juanjo Muñoz — 3 junio 2007 @ 9:33 pm | Responder

  4. Heinrich Heine, no pongas en mi afirmaciones que haces tú. Yo no desprestigio al profesorado en general, no sospecho del profesorado en general. Simplemente critico ciertas actuaciones que me parecen destestables y con las que no quiero tener nada que ver. No creo en el corporativismo acrítico. Hay profesores y profesoras excelentes, a los que admiro, a los que respeto y de los que aprendo. Pero hay otr@s que no me merecen ningún respeto, a los que no admiro, y de los que aprendo justo lo que no quiero hacer ni ser. Que tú hagas otras interpretaciones es tu problema, no el mío. Si no estás seguro de ti mismo no me hagas a mí culplable.
    Igual que no todos los médicos son iguales, ni todos los fontaneros, ni todos los electricistas, tampoco todos los profesores somos iguales. Igual que otros profesionales son sometidos a crítica podemos serlo nosotros ¿o no? He oído a muchos profesores despotricar sin ningún tipo de prudencia de muchos otros profesionales, ¿qué pasa que nosotros somos de otra categoría?
    Yo desde luego no voy a defender actuaciones que me parecen indefendibles. Y ese tópico de que la sociedad no nos valora, lo siento pero no lo percibo. Conozco a muchos profesores y profesoras que son valorados por los padres, las madres, los alumnos y las alumnas. También los hay que no, pero es que no todos somos iguales.

    Juanjo gracias y no nos abandones, la blogosfera se quedaría huérfana sin ti.

    Un saludo, Montse.

    Comentario por Montse — 3 junio 2007 @ 9:50 pm | Responder

  5. Ola machote (referido a Heinrich Heine). No se si conocerás a la autora del artículo, ni por qué no escribes tu nombre, ni por qué en vez de criticar no cojes y expones algo de interés en vez de tanto desprestigio ni tanta leche mañanera. A lo mejor resultas ser un tí@ simpátic@, pero a ti te va lo fácil. Venga criticame ahora a mí y así dejas tranquila a la gente que lo único que quiere es el bienestar de sus alumn@s y un mejor sistema educativo y que lo único que desea es expresar una opinion personal y sin ánimo de ofender a nadie. Se llama LIBERTAD DE EXPRESIÓN tanto de un lado como de otro, pero para criticar algo primero leelo dos veces, después entiéndelo (si puedes) y ya si te quedan ganas, expones tu opinión. Sin más, un cordial saludo

    PD: Montse, deja mi comentario si lo ves bien. Gracias.

    Comentario por Pons — 4 junio 2007 @ 12:44 am | Responder

  6. Motse, tú dices:
    “educar no es abusar, educar no es mentir, educar no es amenazar, educar no es vencer, educar no es esperar a que l@s alumn@s no hagan lo que deben hacer para suspenderlos, educar no es quitar oportunidades”

    Si yo digo: “gobernar no es gastarse el dinero del pueblo en prostíbulos, gobernar no es colocar a todos tus amigos en la administración, gobernar no es aceptar los sobornos de las constructoras”, está muy claro el mensaje que lanzo. Si encima soy político, mi mensaje cobra aún mucha más mordiente.

    Por eso, en ningún momento me pude imaginar que fueses una profesora. Lo siento.

    Comentario por Mateo — 4 junio 2007 @ 8:07 am | Responder

  7. Por cierto, tengo 35 años, ésto no es un problema generacional.
    Si quieres, puedes buscar en APIA gente quejándose por dinero, o por la jornada… te va a costar encontrarlos.
    Encontrarás muchas quejas de la lamentable formación que están recibiendo los chavales, los malos hábitos, el acoso que están sufriendo, como nos humillan desde la administración… por culpa de las políticas de unos iluminados.
    No he tenido la desgracia de ver esas vejaciones a los menores, por parte de profesores, que tú dices haber presenciado.
    Me suena surrealista, tal y como está la cosa, que algún profesor tuviese el valor de hacer tales actos.

    Comentario por Mateo — 4 junio 2007 @ 10:54 am | Responder

  8. Montse,

    “Un tal Francisco me preguntaba en uno de sus comentarios a mi anterior post lo siguiente: ¿Alguna crítica, reconvención o consejo a la Administración, inspectores, alumnos, etc.? (Cito textualmente).”

    “Pues sí, claro que hay cosas que debe mejorar la Administración, cosas que deben mejorar l@s alumn@s, los padres y la madres, la sociedad, etc. Pero de nada sirve pasarse la vida lamentándose de cosas que no dependen de un@ mism@.”

    Eso no deja de ser un argumento contradictorio con todo lo que escribe en este blog. Si “de nada sirve” lamentarse de cosas que no dependen de uno mismo: ¿para qué se lamenta de lo que hacen OTROS profesores? Lo que hacen otros profesores TAMPOCO DEPENDE DE USTED.

    Pero sigamos.

    “A mí, como profesora, lo que me preocupa es lo que yo puedo y debo hacer para mejorar las cosas (entre otras cosas porque para eso me pagan)”

    Lo mismo: ¿para qué se queja entonces de las “injusticias” y las venalidades de otros profesores. Explíquemelo, porque no lo entiendo.

    “Es muy cómodo echar balones fuera”

    Si es una crítica dirigida a mí (pero, ¿qué sentido tendría? ¡no está en su mano cambiar mi actitud!), le invito a que haga lo que he hecho yo con usted: leerme. Leer los comentarios que he escrito en el foro de la APIA. Podrá comprobar si soy culpable de falta de exigencia con el profesorado.

    “¿qué pensaríamos de un médico que decidiera no atender a un enfermo de cáncer porque no deja de fumar? (algo parecido a no atender a un alumno o alumna porque no hace nada y sus padres pasan de todo, ¿no?)”

    ¿De cuál de mis comentarios deduce que no atiendo (o que animo a desatender) a mis alumnos “desmotivados”? Repito: puede pasar por el foro de la APIA; allí podrá comprobar -como bien dice Mateo- que mi queja hacia padres y Administración tienen un objetivo fundamental: garantizar el derecho de mis alumnos a recibir una enseñanza digna; impedir la destrucción del sistema educativo PÚBLICO; nivelar los escalones de los chavales cuyos pueden pagarle una buena enseñanza privada con el de los críos que sólo pueden acudir a la pública.

    “Yo creo que mi deber es cumplir con mi obligación y no puedo no cumplirla poniendo como excusa que otr@s no la cumplen.”

    Perfecto ejemplo para los manuales de sofismas. Supongo que no va dirigido a mí, pues no me conoce, ni he sostenido jamás tal disparate. ¿Quién ha dicho que no va a cumplir con sus obligaciones de profesor porque los alumnos, padres, orientadores, directivos o políticos no cumplan con la suya? Insisto: ¿usted lee de verdad los comentarios que les dejamos así o se dedica a hacer ejercicios de ensimismada onfaloscopia?

    Lo que yo digo (y tantos otros compañeros dicen) es que TODOS debemos cumplir con nuestras obligaciones. Los profesores, por supuesto. Pero TAMBIÉN los padres, los directivos, los orientadores, los inspectores, los políticos. Y, faltaría más, los alumnos.

    Y ojo: garantizar también los derechos de todos. Y a eso voy.

    Lo que más me asombra de su respuesta, Montse, es la profunda irresponsabilidad que refleja; tanto más sorprendente en una profesora que se declara tan preocupada por los derechos de sus alumnos. Dice usted que lo que le preocupa es “mejorarse a sí misma” y, aquí llego al núcleo de mi desacuerdo con usted. Cito literalmente:

    “SI OTRAS INSTANCIAS NO HACEN LO QUE DEBEN ES SU PROBLEMA, NO EL MÍO.”

    Esta política de “hechos consumados” me provoca un profundo rechazo. Me niego a aceptar acríticamente que cualquier “instancia” implicada en el sistema educativo público no “haga lo que debe”; me niego a bajar el lomo ante esas instancias cuyas irresponsabilidades usted estima ajenas a su interés. Porque el hecho de que otras instancias (incluidos otros profesores) no hagan lo que deben sí lo considero “mi” problema. Y lo considero mi problema porque eso afecta a “mis” alumnos: porque considero que es mi obligación como profesor garantizar el derecho de mis alumnos a formarse en las circunstancias más favorables. Unas circunstancias que el actual sistema educativo no sólo no favorece, sino que las impide por obra y arte de una ideología deletérea.

    Aquí no hablamos de aumentos de sueldo y de más vacaciones.

    Es probable que sus críticas sean bienintencionadas, Montse. Es probable que se tome su trabajo en serio. Pero ni las buenas intenciones garantizan el acierto (“de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”), ni el tomarse en serio la profesión implica necesariamente ser un buen profesional.

    Yo sí creo que muchos de los profesores que no comparten mis planteamientos sean honestos y trabajadores. La incluyo. No estoy seguro, sin ambargo, de que usted crea lo mismo de los que pensamos de forma distinta. Dudo, además, de que se haya preocupado por conocer a fondo las críticas de los profesores que no comparten su punto de vista (a sus comentarios me remito).

    Esto no es una pelea de profesores buenos y malos. Hay, por supuesto, profesores mejores y peores. Como hay alumnos mejores y peores. Usted declara (confusamente) que sólo le interesa el asunto de los “malos profesores”. A mí me interesa ese asunto, como me interesa el de los “malos alumnos”; pero me interesa, sobre todo, el problema de la “mala administración” del sistema educativo público.

    Desentenderse de ello se me antoja la mayor irresponsabilidad en la que puede incurrir un profesor.

    (No voy a entrar ahora en la manida “educación en valores”, ni en la cuestión de los alumnos “boicoteadores”, ni en el tema de la “nostalgia por el pasado” porque no acabaría. Ya entraré.)

    Un saludo.

    Comentario por Francisco — 4 junio 2007 @ 6:24 pm | Responder

  9. Franciso, agradezco tus razonamientos y, estoy segura de que conversando y argumentando encontraríamos muchos puntos de acuerdo. Sin embargo, creo que estás a la defensiva y que te das constantemente por aludido y eso no es culpa mía. En ningún momento he dicho que tú seas responsable de nada de lo que yo digo. Yo no hablo de tod@s l@s profesores y profesoras, hablo de casos concretos de los que he sido testigo. Siento que te des por aludido, no es mi intención.
    Un saludo, Montse.

    Comentario por Montse — 4 junio 2007 @ 10:36 pm | Responder

  10. Montse,

    Puede creerme: no estoy a la defensiva. Contestaba a sus argumentos en mi nombre, porque a mí me los dirige en su comentario.

    No se trata de usted ni de mí: sino de la pertinencia de sus argumentos y de los míos.

    Ignoro si en una conversación encontraríamos muchos puntos de acuerdo: es de suponer que en ciertas cosas sí y en otras no. Pero tampoco es éste el asunto. En su artículo responde e interpela a algunos profesores -entre ellos, a mí-. Yo le he contestado en mi anterior comentario. Veo que mis argumentos no merecen refutación: los daré por válidos.

    Pero tampoco se trata de tener o no razón; sino de posiciones ideológicas que devienen en actos que afectan a nuestros alumnos, a toda la comunidad educativa y a la sociedad en su conjunto. Este tema no es ninguna broma -y no doy a entender que para usted lo sea-. Los profesores -también otros colectivos: especialmente padres y políticos- tenemos una enorme responsabilidad. Y es precisamente lo contrario, la irresponsabilidad, lo que fomenta nuestro sistema educativo.

    Ya que usted pone algunos ejemplos de “malas prácticas docentes”, y para que no me crea acrítico con nuestro colectivo, traeré otros ejemplos gravísimos de irresponsabilidad de nuestro colectivo. He impartido clases en varios institutos. Tengo la costumbre de pasar encuestas (unas veces escritas, otras en charlas informales) entre profesores y alumnos.

    En TODOS los institutos en los que he estado TODOS los profesores reconocían que aprobaban con mayor o menor frecuencia -casi siempre con mucha frecuencia- a alumnos que manifiestamente no se lo merecían. Y no hablo del chico trabajador que obtiene un 4,5. No. Hablo de alumnos que en ningún caso merecían aprobar.

    Sorprendido (o falsamente sorprendido) por esta actitud, les preguntaba por el motivo de tal conducta. “Demasiadas presiones por todas partes, Francisco. Alumnos, padres, directiva, inspección… no me gusta lo que hago; pero no me compensa oponerme. Todo empuja al aprobado. Allá ellos”.

    A continución, unas preguntas muy sencillas a los alumnos: ¿Crees que te esfuerzas lo suficiente? ¿Tienes la sensación de que has ido pasando de curso sin apenas esfuerzo? Una inmensa mayoría responde, sistemática y respectivamente: No y Sí.

    Los directivos, pragmáticos hasta el tuétano (lo último que desean es que cierre o se venga abajo su instituto), confiesan: “Seamos sinceros: lo que quieren los padres es un aprobado. Y, si no lo tienen y pueden hacerlo, llevan a sus hijos a institutos menos exigentes”. “¿Menos aun?”, me pregunto.

    En fin: sería absurdo entrar en ejemplos anecdóticos de “suspensos injustos” o de “matrículas de honor” injustas -hay ejemplos de TODO-. Porque lo importante, Montse, no es la anécdota, sino la categoría. Y negarse a ver que el sistema no sólo ha olvidado, sino que incluso persigue los valores del esfuerzo, la superación personal y la excelencia es entregarse a la más perversa hipocresía.

    Hay muchos profesores preocupados por el bienestar de sus alumnos; pero esa preocupación sincera, como le dije ayer, no implica que les hagamos bien. ¿Cuántos alumnos titulan en la E.S.O. siendo semianalfabetos? ¿Cuántos llegan (y terminan) la universidad (especialmente en las carreras de “letras” con una incultura atroz?

    Facilitarles las cosas a toda costa no sólo es incumplir con nuestra responsabilidad, sino negar a los alumnos de la enseñanza pública la única “arma” que poseen frente a los “niños de papá” (esos que entran a trabajar en el “bufete” o la “empresa” familiar, pese a su incompetencia): una formación exigente, que les permita competir con ellos en el mundo real. No en el negligente mundo de Oz en el que los estamos educando.

    Un saludo.

    Comentario por Francisco — 5 junio 2007 @ 3:01 pm | Responder

  11. (Disculpen la torpeza estilísca y gráfica. Las prisas)

    Comentario por Francisco — 5 junio 2007 @ 4:59 pm | Responder

  12. Compañeros profes: nadie dijo nunca que ser profesor fuera fácil. “Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas” estaba escrito en una pared de no recuerdo qué ciudad latinoamericana y viene al pelo para reflexionar sobre el oficio del profesor de hoy (maestro, educador, lo uso de forma intercambiable) al hilo de la entrada y del debate posterior. Muchos profesores tenemos dificultades para hacer nuestro trabajo porque constantemente estamos manejando realidades nuevas que hacen que nuestras respuestas no se adapten del todo a las necesidades. Aterrizo: para dar clase no basta con saber una asignatura concreta (Física, Matemáticas o Lengua, por poner un ejemplo) hace falta saber cómo enseñarla a unos alumnos con valores propios de una sociedad (la nuestra, la que hay, no la que quisiera que hubiera), hijos de unas familias concretas (las que son, no las que quisiera que fueran), con unas formas de entender la autoridad y al profesor determinadas. ¿Bueno, malo? Es la realidad, por tanto, desde ella hay que trabajar para poder cambiarla. No podemos utilizar las mismas viejas respuestas para los nuevos interrogantes y eso crea, como poco, frustración, inquietud,, dificultades, desmotivación, apatía, echar balones fuera… aunque también ganas de afrontar nuevos retos, trabajar en equipo, remover Roma con Santiago para mejorar la docencia o buscar cómo implicar más a las familias, por ejemplo.
    Evidentemente nuestro sistema educativo deja mucho que desear; desde luego, no está en la agenda de la política y pierde valoración social a pasos agigantados, especialmente la enseñanza pública está inmersa en un peligroso desprestigio y cierto abandono. Los profesores no somos ajenos a este proceso, ¿algo tendríamos que hacer nosotros para mejorar? ¿Tenemos la suficiente capacidad de autocrítica? ¿Tenemos la suficiente capacidad corporativa para defender la utilidad de la enseñanza? Recientemente los médicos de familia han hecho huelga exigiendo diez minutos de atención a los pacientes. ¿Hace cuánto tiempo que hemos caído en el más absoluto de los conformismos en nuestro trabajo abandonando la implicación efectiva en la mejora de nuestro criticado sistema educativo?
    Pero como bien decía mi amigo Pedro Morales, los profesores somos gente libre de toda sospecha, la culpa es del sistema, de la sociedad, de las familias y de los alumnos.

    Comentario por Víctor Cuevas — 5 junio 2007 @ 6:38 pm | Responder

  13. Víctor,

    Antes de nada.

    Profesor no es intercambiable con maestro. Como no lo es profesor de instituto con profesor de universidad. Son tres itinerarios docentes: cada uno de ellos con estudios y métodos de selección distintos.

    No entro en valoraciones de “importancia”. Los tres trabajos me parecen igualmente importantes. Pero el método de selección de los profesores universitarios es más exigente que el de los profesores de instituto; y el de los profesores de instituto es más exigente que el de los maestros.

    Hasta que exista un “cuerpo único” de profesores y maestros (con idéntico sistema de capacitación) no serán términos “intercambiables”. Y aun entonces tendría sentido distinguir, por ser los alumnos de edades distintas y ligeramente distinta la función.

    No se trata de discriminar en el sentido de dar más o menos importancia; sino en el sentido de distinguir lo que es distinto.

    Muy brevemente a lo segundo.

    Sí. Los profesores debemos tomarnos nuestro trabajo en serio, ser autocríticos, etc. Pero el principal problema de la educación pública no son los profesores (ni los alumnos); sino un sistema educativo fundamentado en una ideología perniciosa que ha implantado una cultura de la permisividad, la falta de esfuerzo, la igualación a la baja, la ausencia de normas y la minusvaloración de los conocimientos.

    Esto perjudica tanto a los profesores como a los alumnos: favorece unas condiciones de trabajo indignas para los primeros y dificulta el aprendizaje de los segundos.

    No se trata de decir: “Bueno, es lo que hay: ¡adaptémonos a la realidad!”; se trata de decir -a mi entender-: “Bueno, es lo que hay: camos a cambiar esta realidad”.´

    Otra cosa es que no creamos en la necesidad de cambiar el actual sistema educativo. Si es así, no mareemos la perdiz: se dice y punto.

    El argumento de la “nostalgia del pasado” es completamente absurdo. Yo no he trabajado en el antiguo sistema educativo; otros muchos profesores críticos con el sistema actual tampoco. Además, considerar necesario un cambio del sistema educativo no implica querer sustituirlo, tal cual, por el anterior.

    Añado. El argumento de que las críticas vienen de la “derecha”: otro disparate. Primero, porque no se trata de etiquetar la crítica, sino de juzgar su pertinencia. Segundo, porque muchos de los profesores críticos con el sistema educativo actual se declaran de “izquierdas”.

    Seamos claros. Independientemente de que lo consideremos mejorable: ¿apoyamos o no el actual sistema educativo? Empecemos por ahí.

    Un saludo.

    Comentario por Francisco — 5 junio 2007 @ 9:02 pm | Responder

  14. Yo también, Montse, yo también soy muy feliz con mi trabajo de maestra en un IES de Móstoles Si no viviéramos a tantos kilómetros me encantaría llevar a mi hijo y a mi hija a tu aula para que les dieras clase, para que te tuvieran de profe y para que aprendieran que las ideas propias se defienden como tú lo haces. Serías un ejemplo estupendo. Tu actitud siembra la diversidad en su estado más puro frente a este pensamiento único tan bien expresado que nos imponen (en unas regiones más que otras).

    Leo a Francisco sin entender por qué se niega a tutearte, por qué se niega a entenderte, por qué hace una interpretación tan torticera de lo que significa nuestra cultura educativa y lo que tú escribes sobre ella… Cuando habla de … una cultura de la permisividad, la falta de esfuerzo, la igualación a la baja, la ausencia de normas y la minusvaloración de los conocimientos … supongo que estará hablando de aquellas personas que se dedican a la educación de forma apática, profesionales que no se sienten culpables ni protagonistas de nada, aquellXs que delegan toda responsabilidad en la LOGSE, en los equipos directivos, en la televisión, en padres y madres que desatienden a su prole …. o en yo que sé qué otra escusa cómoda a su alcance.

    En fin, Montse, que hoy hemos hecho las pruebas de nivel de Lengua y que mañana hacemos las de Matemática. Que las vamos a corregir y que enviaremos los resultados para que los usen como les venga en gana. Que si lo que querían medir era el nivel de obediencia del profesorado, que no se preocupen, que andamos bien, como siempre. Gracias.

    Comentario por Yolanda — 6 junio 2007 @ 11:31 pm | Responder

  15. :lol: ¡Ja, ja, ja, ja…”
    Hermosa metáfora metalinguística: los lenguajes PHP/HTML no soportan las incorrecciones. Yo tampoco.
    ¿Se han fijado que al poner el cursor sobre algunas de las palabras con arroba ustedes pueden mandar un e-mail (mailto:alumn@s)?
    Toda una metáfora, sí señor. Propiedad y corrección.

    ¿Por qué no utilizar el genérico o en su lugar [o/a] o [a/o] (a capricho)?

    alumn@s => alumnos/as

    Esto en un contexto educativo… Cosas de la vida.
    ¡Un saludo!

    Comentario por Nach — 7 junio 2007 @ 2:54 am | Responder

  16. Me gustaría una respuesta, Montse. Creo que esta vez he sido educado.

    Comentario por Mateo — 7 junio 2007 @ 1:07 pm | Responder

  17. Yolanda,

    “Leo a Francisco sin entender por qué se niega a tutearte”

    Trato de usted por una cuestión de cortesía entre desconocidos. Como doy las gracias cuando me ponen un café en el bar, pido las cosas por favor y un largo etcétera. Pero si la ausencia de tuteo se va a convertir en una cuestión de Estado, yo os tuteo a partir de ahora, Yolanda.

    “por qué se niega a entenderte”

    No me niego a entender a Montse. Todo lo contrario: la entiendo perfectamente y discrepo de sus argumentos. Como hago ahora contigo, cito sus palabras y EXPLICO por qué no estoy de acuerdo. Cosa que nadie aquí hace con mis palabras -tampoco tú-. Parece necesario aclararte que el hecho de que no comparta vuestras ideas no implica que me NIEGUE a entenderlas. No sé si tú entiendes las mías, porque te limitas a etiquetarlas, sin más explicación. Un ejemplo:

    “por qué hace una interpretación tan torticera de lo que significa nuestra cultura educativa y lo que tú escribes sobre ella…”

    Te ruego que me expliques, citando mis palabras (no lo que crees que pienso) en qué consiste mi “torticera” interpretación.

    Por otra parte, me resulta paradójico que te quejes de:

    “este pensamiento único tan bien expresado que nos imponen”

    cuando confundes la discrepancia con la voluntad de no entender al contrario. Eso sí es “pensamiento único”.

    “Cuando habla de … una cultura de la permisividad, la falta de esfuerzo, la igualación a la baja, la ausencia de normas y la minusvaloración de los conocimientos … supongo que estará hablando de aquellas personas que se dedican a la educación de forma apática, profesionales que no se sienten culpables ni protagonistas de nada, aquellXs que delegan toda responsabilidad en la LOGSE, en los equipos directivos, en la televisión, en padres y madres que desatienden a su prole …. o en yo que sé qué otra escusa cómoda a su alcance.”

    Cuando me refiero a la cultura de la permisividad me refiero a un sistema educativo (perpetrado por politicastros, tutelado por inspectores y muchas directivas, justificado por psicopedagogos y defendido por no pocos profesores) que permite que haya clases donde sea literalmente imposible impartir las asignaturas, porque los alumnos no se callan, se levantan, bromean, etc. sin que el profesor tenga medidas reales para atajarlo (y nada de milongas de motivar: la obligación del profesor es impartir las clases y la del alumno atender a las mismas); que permite que un alumno que ha dado una brutal paliza a otro vuelva a su clase en una semanita; que permite que alumnos semianalfabetos (y aquí hay que destacar la responsabilidad del profesorado) titulen en la Secundaria e incluso en Bachillerato; que permite la promoción automática de alumnos con todas las asignaturas suspensas; que, que, que…

    La falta de esfuerzo, la igualación a la baja, etc. En otro momento entraré (aunque es fácil deducirlo por mis anteriores comentarios).

    Repito: sostengo que los profesores somos parte responsable de este despropósito. Repito: es también responsabilidad del sistema no permitir que los profesores incumplamos con nuestras obligaciones.

    Pero, una vez más: la cuestión es que tú (supongo por tus palabras) apoyas el actual sistema educativo y yo no. Para mí, este sistema ha supuesto la decadencia de la educación pública, ha depauperado la formación de nuestros alumnos y ha contribuido a mantener la desigualdad social y cultural entre las clases acomodadas y las humildes.

    Una vez más, antes de cualquier argumento: ¿crees que el actual sistema debe cambiarse radicalmente o no? ¿Te conformas con unas “reformitas” o te parece viciado de raíz? Basta ya de echar balones fuera.

    Un saludo.

    Comentario por Francisco — 7 junio 2007 @ 1:11 pm | Responder

  18. Francisco, está visto que tu labor de docente te deja a ti más tiempo libre que a mí. Voy a intentar ser muy breve que ando con prisas y para ello voy a utilizar un ejemplo que he vivido en clase.

    Hoy una alumna de 2º de ESO nos ha dado una gran lección a toda la clase. Es una alumna con enormes deficiencias en habilidades sociales, con una considerable falta de conocimientos académicos a quien el resto de los compañeros, a principio de curso, parecía que iban a utilizar para poner en práctica sus instintos más crueles. Pues bien, hoy ha sido la protagonista coordinando una pequeña actividad que hemos propuesto en la hora de inglés. Se trataba de que todo el mundo completara 20 puzles con frases en distintos tiempos y formas. Ella era la encargada de organizar el reparto y cambio de los puzles.

    Porque no hay itinerarios, porque hay flexibilidad en los contenidos con adpataciones, porque tenemos desdobles, porque no hay agrupamientos por nivel, porque aprender es divertido cuando la enseñanza no es represiva, porque su autoestima se cuida y crece cada día y por un montón de motivos más hoy hemos podido aprender lo que nunca hubiéramos conseguido con un grupo de 30 alumnXs de “sobresaliente”. Por eso creo que para enseñar no hay barreras más allá de las que nos queramos poner a nosotrXs mismXs y yo, con esta ley y con estXs políticXs no pienso ponerme ninguna barrera. Otro día que tenga más tiempo escribiré la enorme lista de peticiones que tengo para nuestrXs gobernantXs que para nada me parecen ideales. De momento me vale con que las leyes no imposibiliten mi tarea, que no es poco.

    Te equivocas si piensas que necesito bajar el listón de forma generalizada o que no tengo “autoridad” en mi aula, que no hay normas o que estos chicos y chicas no se esfuerzan. Si un día llegan a ponerse en práctica las normas de convivencia que ha dictado la Comunidad de Madrid, ese día, tendré que dejar la enseñanza y dedicarme a otra cosa, porque yo soy maestra.

    Que el fin de semana, que ya está casi aquí, os traiga más buenos momentos.

    Comentario por Yolanda — 7 junio 2007 @ 6:09 pm | Responder

  19. “Francisco, está visto que tu labor de docente te deja a ti más tiempo libre que a mí.”

    O quizá es que yo invierto buena mi tiempo libre TAMBIÉN en cuestiones educativas. Sea como sea, eso es una digresión: paso a tus “argumentos”.

    Voy a intentar ser muy breve que ando con prisas y para ello voy a utilizar un ejemplo que he vivido en clase.

    “Hoy una alumna de 2º de ESO nos ha dado una gran lección a toda la clase. Es una alumna con enormes deficiencias en habilidades sociales, con una considerable falta de conocimientos académicos a quien el resto de los compañeros, a principio de curso, parecía que iban a utilizar para poner en práctica sus instintos más crueles. Pues bien, hoy ha sido la protagonista coordinando una pequeña actividad que hemos propuesto en la hora de inglés. Se trataba de que todo el mundo completara 20 puzles con frases en distintos tiempos y formas. Ella era la encargada de organizar el reparto y cambio de los puzles.

    Porque no hay itinerarios, porque hay flexibilidad en los contenidos con adpataciones, porque tenemos desdobles, porque no hay agrupamientos por nivel, porque aprender es divertido cuando la enseñanza no es represiva, porque su autoestima se cuida y crece cada día y por un montón de motivos más hoy hemos podido aprender lo que nunca hubiéramos conseguido con un grupo de 30 alumnXs de “sobresaliente”.”

    Me alegro infinitamente por ti y por tu alumna. Ahora bien: ¿qué tiene esto que ver con la cuestión que estamos tratando? ¿Entiendes la diferencia, Yolanda, entre la anécdota y la categoría?

    Si yo utilizara el mismo “argumento” que tú te diría: tengo en Tercero de ESO un alumno llamado X, con 15 años, repetidor, todas las asignaturas suspensas menos Educación Física. Odia el instituto; quiere trabajar en un taller; interrumpe constantemente las clases; tengo dos alternativas: o lo expulso o me impide impartir mis clases, perjudicando al resto de sus compañeros. El sistema no le ofrece alternativas. ¡Qué malo es el sistema!

    Este “argumento”, aislado, vale tanto como el tuyo: nada.

    Es más, yo podría decirte: Yolanda, “tu alumna puede que tenga mucha autoestima; pero no sabe nada de inglés” (no digo que sea cierto; sostengo que lo podría decir y no dejarme convencer de lo contrario). Tú podrías decir: “Francisco, es que tú no MOTIVAS a ese alumno” (y no voy a convencerte de lo contrario, por muy estúpido que sea decirlo).

    “Por eso creo que para enseñar no hay barreras más allá de las que nos queramos poner a nosotrXs mismXs y yo, con esta ley y con estXs políticXs no pienso ponerme ninguna barrera.”

    Es decir, que las leyes no son barreras; no hay más límites que los que nos queramos poner. Claro, claro: con el sistema educativo pasa como con los sistemas políticos. ¿Democracia? ¿Dictadura? ¡Qué más da, hombre! No seas quejica: ¡si no hay más límites que los que nos queramos poner!

    Te juro que a veces pienso que muchos docentes viven en el mundo de Oz. Te juro que prefiero pensar eso a que esos docentes son unos perfectos cínicos.

    “De momento me vale con que las leyes no imposibiliten mi tarea, que no es poco.”

    A mí ese “conformismo” me resulta una negligencia intolerable.

    “Te equivocas si piensas que necesito bajar el listón de forma generalizada o que no tengo “autoridad” en mi aula, que no hay normas o que estos chicos y chicas no se esfuerzan.”

    No tengo la menor idea de si bajas el listón, de si tienes autoridad (¿por qué las comillas? ¿descree de la autoridad? ¿la confunde con el autoritarismo?), de si en sus clases se respetan o no ciertas normas (al menos, en este caso, sin entrecomillar), de si sus chicos (perdón: y chicas) se esfuerzan. Lo que sí sé es que eso es (de nuevo) irrelevante.

    No se trata de que mis alumnos me respeten a mí o de que estén en silencio en mis clases: sino de si el sistema favorece estos principios o no.

    Pero, una vez más, echamos balones fuera. Te niegas (como tantos de los que aquí escribís) a reconocer que estás fundamentalmente conforme con este sistema educativo. Supongo que para no verte en la tesitura de tener que justificar ese apoyo.

    No te voy a pedir que respondas a los muchos argumentos que he esgrimido en este blog. Estoy acostumbrado a recibir el silencio por respuesta. Por qué será…

    Sí te ruego, encarecidamente, que cumplas esto:

    “Otro día que tenga más tiempo escribiré la enorme lista de peticiones que tengo para nuestrXs gobernantXs que para nada me parecen ideales.”

    Ya imagino por dónde irán los tiros; pero, al menos, aquí tendré argumentos y no anécdotas.

    Repito: hay anécdotas para justificarlo todo; yo mismo las tendría para defender y denunciar al sistema. Pero no hablo aquí de mis alumnos, ni de mi labor como profesor; sino de nuestro sistema educativo, que me parece pernicioso.

    “Si un día llegan a ponerse en práctica las normas de convivencia que ha dictado la Comunidad de Madrid, ese día, tendré que dejar la enseñanza y dedicarme a otra cosa, porque yo soy maestra.”

    Esto no lo he entendido.

    Pero sí añadiré algo más. No dudo que seas una maestra preocupada por la educación de tus alumnos; tampoco dudo que estás equivocada en tus planteamientos (tengo que deducirlos, porque no los expones). Piensa en esto:

    “Mientras vivimos una evidencia estamos sometidos a su influjo. Toda evidencia es irrebatible desde sí misma, por lo que sólo una evidencia nueva, más poderosa, puede desalojarnos de la anterior. El fanático, que está enclaustrado en una evidencia, HA DE RECHAZAR EL TRATO ABIERTO CON LAS IDEAS Y CON LA REALIDAD, PORQUE TIENE MIEDO DE QUE OTRA EVIDENCIA PUEDA RESQUEBRAJAR LA SEGURIDAD BLINDADA QUE NECESITA PARA SOBREVIVIR”.

    Un saludo y que disfrutes de tu fin de semana.

    Comentario por Francisco — 7 junio 2007 @ 8:01 pm | Responder

  20. Saludos Francisco¡
    Entro aquí sólo por leerte.

    Montse, no me borres este.

    Saludos

    Comentario por Heinrich Heine — 7 junio 2007 @ 8:53 pm | Responder

  21. Pero yo no siento feliz estar aquí en España ¿no se por que no m mi gusta estar aquí en este pueblo que ya esta echo mierda?
    Sabes Montes algún día me voy de este pueblo por la chica que quiero para olvedrme de ella, es que no puedo vivir sin ella .
    De eso quería hablar con tigo pero déjalo luego hablaré con tigo…
    De eso slo ablo con tegoe nadie más.
    Un saludo: Karim

    Comentario por karim — 7 junio 2007 @ 9:26 pm | Responder

  22. Me encanta encontrarme con compañeros docentes como Montse o Juan José. Me gusta su forma de pensar, con la que me identifico. Y lo que más me gusta es comprobar que hay muchos, muchos, como ellos, hecho que renueva mi fé en la maravillosa labor de EDUCAR. Contrariamente a Heinrich Heine, en ninguna frase o afirmación de este artículo encuentro despretigio alguno para el colectivo, pero sí estímulo, aliento, ilusión y muchas ganas de trabajar. El desprestigio les viene solo a los conformistas, a los incapaces de comprometerse, a los que redirigen, ocultan o, sencillamente, abandonan la responsabilidad de su trabajo. Pienso, además, que expresar nuestras opiniones, debatir, discutir incluso, expresar, en fin, nuestras opiniones, bien merece una identificación verdadera.

    Comentario por Ricardo L. Rodríguez — 7 junio 2007 @ 10:04 pm | Responder

  23. Sigo “perdiendo el tiempo”:

    Reproduzco un fragmento de una entrevista a Jaume Carbonell, profesor de Sociología de la Universidad de Vich (Barcelona) y director de la revista “Cuadernos de Pedagogía”. La entrevista se publicó en “Andalucía educativa”, nº 59 en febrero de 2007.

    El tema fundamental de la entrevista es el presunto alarmismo con que los medios de comunicación tratan el asunto de la violencia escolar.

    “Pregunta: ¿Qué tipo de discurso es el que encontramos en los medios?

    Respuesta: Es un discurso donde abundan los tópicos como el fracaso escolar, el malestar docente y las agresiones y encándalos que tengan como escenario las aulas. Pero este discurso del catastrofismo y del pánico social que lanza, con pocos datos y escasos argumentos, el mensaje de que la enseñanza va de mal en peor, raramente aporta otras soluciones que no sean la de un regreso a la escuela del pasado.

    Pregunta: El tratamiento mediático alarmista ha encontrado quizás ahora su máxima expresión en la violencia escolar.

    Respuesta: El conflicto es la categoría estrella del periodismo y utiliza de modo recurrente como estrategia para captar la atención, pero esto contribuye a crear una imagen distorsionada y exagerada de los problemas de convivencia, que al final parece dar la razón a quienes reclaman modelos más autoritarios y ponen más acento en las medidas represivas que en las preventivas. La representación de la escuela se puebla injustificadamente de noticias e imágenes negativas, haciendo de la educación una crónica de sucesos.”

    Y ahora, un poquito de crónica de sucesos, “injustificadamente alarmista”.

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Conceden/joven/acosada/companeros/instituto/misma/proteccion/mujeres/maltratadas/elpepusoc/20070607elpepusoc_6/Tes

    Ay, si es que algunos nos quejamos por vicio. Que se lo digan a esta chica… No sé cómo andará “su autoestima” en estos momentos.

    Nada, nada… Si todo esto son anecdotillas de nostálgicos del pasado… Con tal de que las leyes no nos imposibiliten nuestra tarea…

    Yo, lo confieso, cada vez soy menos feliz como profesor.

    Heinrich Heine, te invito a pasarte por el foro de la APIA.

    Un entristecido saludo a todos.

    Comentario por Francisco — 7 junio 2007 @ 11:24 pm | Responder

  24. Francisco, no creo que el actual sistema educativo sea perfecto pero sí me parece mucho mejor que los anteriores. ¿Eso es lo que demandabas? Pues SÍ prefiero el actual sistema educativo que el de hace 20 años. Y ahora lo que tendríamos que hacer, tú y yo (no sólo yo) es argumentar por qué estamos a favor o en contra del actual sistema educativo. O lo que es lo mismo, ¿qué valores subyacen al actual sistema educativo (que son con los que estamos de acuerdo o en desacuerdo)? No obstante, en estos días tengo demasido trabajo como para dedicar el tiempo que requiere hacer tal reflexión. Pero la haré. No defiendo partidos políticos concretos, pero sí formas de entender el mundo, valores. Sé por qué los defiendo e intentaré explicarlo cuando tenga tiempo. Si esta respuesta te vale de momento, bien, si no, lo siento.
    Yolanda y Ricardo gracias por vuestras palabras.
    Karim, ánimo, la vida tiene momentos mejores y peores, ¡arriba!
    Mateo no sé a qué quieres que responda.
    Heine nunca he borrada nada que no fuera un juicio personal o un insulto hacia alguien.
    Un saludo a tod@s, Montse.

    Comentario por Montse — 7 junio 2007 @ 11:53 pm | Responder

  25. Montse,

    “Pues SÍ prefiero el actual sistema educativo que el de hace 20 años.”

    Pero ¿quién ha preguntado si prefieres éste sistema al anterior? Insisto en que esto es un diálogo de sordos.

    Espero tus argumentos.

    Comentario por Francisco — 8 junio 2007 @ 8:59 am | Responder

  26. Ya sé que las anécdotas no tienen mucho valor para ti. Para mí son significativas y me encanta leer entre líneas. Me vas a permitir que te comente otra muy reciente. Viajaba yo en el coche la noche de las elecciones y de repente oí por la radio que un político en Madrid felicitaba a ganador y ganadora y saludaba a sus seguidorXs desde el balcón de la victoria. Les decía: Gracias, gracias, gracias. Seguiremos trabajando, como siempre, por la Libertad, los Derechos Humanos y la Justicia Social. Y yo pensé. Estas palabras me suenan. ¿Dónde las he podido escuchar yo antes?

    Pues eso. Que encontrar argumentos es muy fácil. Lo difícil es ponerlos en práctica y yo leo entre líneas cuando escribes: “… tengo en Tercero de ESO un alumno llamado X, con 15 años, repetidor, todas las asignaturas suspensas menos Educación Física. Odia el instituto; quiere trabajar en un taller; interrumpe constantemente las clases; tengo dos alternativas: o lo expulso o me impide impartir mis clases, perjudicando al resto de sus compañeros. El sistema no le ofrece alternativas. ¡Qué malo es el sistema!.” Entiendo que con estas líneas ya no necesito más tus argumentos.

    Aunque podría añadir otra de tus reflexiones a mi comentario que no tiene desperdicio :
    “- Escribo yo: Porque no hay itinerarios, porque hay flexibilidad en los contenidos con adpataciones, porque tenemos desdobles, porque no hay agrupamientos por nivel, porque aprender es divertido cuando la enseñanza no es represiva, porque su autoestima se cuida y crece cada día y por un montón de motivos más hoy hemos podido aprender lo que nunca hubiéramos conseguido con un grupo de 30 alumnXs de “sobresaliente”.”
    -y respondes tú: “Me alegro infinitamente por ti y por tu alumna. Ahora bien: ¿qué tiene esto que ver con la cuestión que estamos tratando? ¿Entiendes la diferencia, Yolanda, entre la anécdota y la categoría?”

    Dime: ¿De qué podemos seguir hablando? De nada. Claramente de nada.

    Comentario por Yolanda — 11 junio 2007 @ 5:32 pm | Responder

  27. Olvidé decir que el comentario anterior es una respuesta al Nº 19 de Francisco con el que quiero dar por acabada mi aportación a este debate.

    Yolanda

    Comentario por Yolanda — 11 junio 2007 @ 5:35 pm | Responder

  28. Un matiz Montse. Casi más que un diálogo de sordos, parece más el monólogo de un mudo. Por supuesto, es obvio por quién lo digo.
    Un saludo, y deseando estoy esa visita que me comentó Ramón.

    Comentario por Juanjo Muñoz — 12 junio 2007 @ 12:40 am | Responder

  29. Como el curso está terminando quizá sería conveniente que dijésemos el nivel global de éxito y fracaso en nuestros IES
    En mi clustro suelen dar estadística global.
    También sería interesante ver el nº de situaciones conflictivas.En Andalucía tenemos el programa Séneca donde queda constancia.
    Los dos grandes problemas de mi IES:enorme fracaso y montones de situaciones conflictivas.

    Comentario por RM — 13 junio 2007 @ 7:22 pm | Responder

  30. Montse:
    Verdaderamente eres optimista y crees en este sistema,así como en la posibilidad de arreglar los problemas con la sóla voluntad individual de cada profesor.
    Pero debes aceptar que otros no pensamos como tú.
    Mira, yo era así de optimista en los 90,creía y vendía la LOGSE en mi centro.Ahora critico abiertamente la LOE.Estaba en un centro de EGB.
    Ahora he cambiado mis ideas y presupuestos debido a mi día a día en un IES,no muy bueno,viviendo la LOGSE.La utopía que me vendieron no la veo.
    La realidad me ha cambiado.
    En los 90 creía en la administración,ahora no.
    También creía en la bondad de los alumnos.Ahora menos.
    Los culpables de lo que pasa somos todos:algunas familias,algunos alumnos,administración,algunos profesores…pero eso no invalida que algunos pensemos que hay causas estructurales del fracaso del actual sistema educativo .
    Algunos son más culpables que otros.
    Te enumero algunos fallos del actual sistema,referido a ESO 1º y 2º:
    -Muchos alumnos vienen con un nivel desastroso,debido a la promoción automática de Primaria,regulada por la ley.
    -Las normas mínimas de educación,civismo y comportamiento dejan mucho que desear,a pesar de la palabrería logsiana.
    -No soportan jornadas de 6 clases diarias,11 asignaturas,11 especialistas,impuestas por la administración.
    -Un grupo no quiere estudiar(lo diga quien lo diga),pero lo peor es que no deja que los demás estudien.La LOgsE obliga a tenerlos en un único itinerario dándole por culete al resto de compas y al profesorado.
    -El nivel de indisciplina,pasotismo y fracaso escolar que veo en mi IES jamás lo ví en la antigua EGB.
    A lo de antes no podemos volver.Pero algunos como tú culpabilizáis más al profesorado,y piensas que con la actuación individual y voluntarista de cada uno ésto se mejora.
    Otros no vemos mal eso,pero pensamos que sin cambios estructurales generales ,ésto no tiene arreglo.

    Comentario por RM — 13 junio 2007 @ 7:41 pm | Responder

  31. Una pequeña aclaración al mensaje nº 28.

    Antes de empezar a manejar estadísticas sería conveniente definir qué es éxito y qué es fracaso.Te podré un ejemplo. Terminé Formación Profesional en el año 1978. Las notas decían que había conseguido la calificación de insuficiente en Idioma Inglés los 5 años seguidos. Me fui a Inglaterra de Au Pair. Volví en el año 1981. Años después hice Magisterio por la especialidad de lengua inglesa. ¿Fué mi vida académica en la FP un éxito o un fracaso? Pués yo lo considero un éxito total. El nivel de autoestima, de rebeldía, de capacidad crítica, de pensamiento propio, de iniciativa personal … que cultivaron en mí tanto los profesores como las profesoras que tuve en esos 5 años no pueden ser otra cosa más que un rotundo éxito.

    Comentario por J.Brecio — 16 junio 2007 @ 11:23 pm | Responder

  32. He pecado de bocazas dejando un comentario en el post anterior (“Contaejemplos”) al alegrarme de que la tensión en la discusión parecía haberse relajado… No había entrado aún en este.

    No obstante, creo que Francisco acierta cuando nos invita a cuestionar o defender el actual sistema educativo. Es un tema crucial, ante el cual es necesario pronunciarse. Montse también acierta al reservarle un hueco en su agenda a este tema. Yo también ando mal de tiempo. Para que digan que nos damos una vidorra…

    Mi postura al respecto es similar en lineas generales a la de Francisco (a lo largo de sus múltiples comentarios) y la de RM (en el último especialmente). Me remito a ellos porque no haría sino parafrasearlos.

    Eso hace que con tan solo 5 años de docencia ya estoy algo “quemado”, algo decepcionado, algo aburrido y desmotivado… y que muchas veces la cosa se me haga cuesta arriba.

    No obstante, tales adjetivos siempre van acompañados (¿aún?) por ese “algo”, que los matiza y suaviza. Soy de naturaleza optimista (y creo que no ingenuo ni cándido)y e inasequible al desaliento.

    Por eso la postura de Montse y de algunos de los que por aquí recalan me estimula y me hace aprender de ellos, porque el ánimo, la perseverancia y la ilusión también se aprenden, al dejarse uno contagiar por tales actitudes.

    Junto a la necesidad de un cambio legislativo (habría que ver si radical o no), que considero -con Francisco y RM- necesario, coincido con Montse en la importancia que tiene la actitud-implicación-praxis-formación-adaptación (no sé con qué sustantivo quedarme) del docente. Y defender esto implica, sí, también, una crítica hacia otros compañeros, sin que quepa por ello deducir que ése sea el único problema del sistema educativo y, mucho menos, sin que nadie haya por ello que darse por aludido (no digo que nadie lo haya hecho; qué molesto tener que precisar tanto entre tanta suspicacia que se ha creado).

    Por eso creo que las dos aportaciones al debate son enriquecedoras y no carecen de razón:

    a) La de los (simplificando algo el tema) “anti-logse” (y anti-loe).
    b) La de los que enfatizan la cuestión de la buena praxis y la mala praxis docente.

    Espero no haber resultado demasiado aristotélico (ecléctico, equidistante).

    Un saludo a todos.

    Comentario por Andriu — 19 junio 2007 @ 12:31 am | Responder


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