Cosas de la vida

6 junio 2006

Carpe diem

Filed under: General — Montse @ 9:52 pm

Brevedad

He nacido hoy de madrugada

viví mi niñez esta mañana

y sobre el mediodía

ya transitaba mi adolescencia.

Y no es que no me asuste

que el tiempo se me pase tan deprisa.

Sólo me inquieta un poco pensar

que tal vez mañana

yo sea

demasiado viejo

para hacer lo que he dejado pendiente.

(Jorge Bucay. Cuentos para pensar)

Felicidad

¿Qué elementos actúan contra la felicidad?

Uno de ellos es la preocupación, y a ese respecto me he vuelto mucho más feliz al envejecer. Me preocupo mucho menos y he descubierto una manera muy útil de enfrentarme a la preocupación, que consiste en preguntarme: “Vamos a ver, ¿qué es lo peor que podría ocurrir?”, y entonces pensar: “Bueno, a fin de cuentas, no sería tan terrible dentro de cien años; probablemente no importaría”. Cuando has conseguido pensar así, ya no te preocupas tanto. La causa de la preocupación es que uno no se enfrenta a las posibilidades desagradables. [SHM 76]

(Bertrand Russell. Respuestas)

Las alas son para volar

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo: “Hijo mío: no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”.

– Pero yo no sé volar- contestó el hijo.

– Es verdad… -dijo el padre. Y, caminando, lo llevó hasta el borde del abismo de la montaña.

-¿Ves hijo? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

– Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento -contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a su compañeros, aquellos con los que había caminado toda la vida.

Los más estrechos de mente le dijeron: “¿Estás loco? ¿Para qué? Tu padre está medio loco… ¿Para qué necesitas volar? ¿Por qué no te dejas de tonterías? ¿Quién necesita volar?”.

Los mejores amigos le aconsejaron: ¿”Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero… ¿desde la cima?”.

El joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje, saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente, se precipitó a la tierra.

Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.

-¡Me mentiste! No puedo volar. Lo he probado y ¡mira el golpe que me he dado! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.

-Hijo mío -dijo el padre-. Para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.

Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.

Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.

(Jorge Bucay. Déjame que te cuente…)

Con mucho cariño para tod@s, pero sobre todo para David. Un abrazo, Montse

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1 comentario »

  1. Estimada Montse:

    Hoy he tenido, (¡por fin!), la oportunidad de leer tu blog tal y como te prometí que haría, pero no por cumplir la promesa, sino por un genuino interés por conocer tus puntos de vista, tu forma de pensar.

    Aunque no soy profesional de la enseñanza mi opinión general está en completa sintonía con tus palabras por dos motivos, el primero porque soy un padre preocupado e interesado por la situación actual de la educación en general; el segundo porque me preocupa la de mi hija en particular.

    Espero que ella tenga siempre la suerte de ser educada por profesionales que piensen como tú (hasta ahora ha sido así), tanto en el plano formativo como en los aspectos y valores humanos y éticos que yo, desde mi responsabilidad y preocupación como padre, comparto contigo e intento inculcarle en todo momento.

    Finalmente deseo expresar mi apoyo incondicional a todos los profesionales de la enseñanza que comparten tus líneas de pensamiento y acción. Nunca he perdido la confianza en vuestra valía y sincera capacidad de entrega y, con tu permiso, te pondré de ejemplo allí donde alguien pretenda denostaros y vilipendiar vuestra profesión.

    Un abrazo,

    D.

    Comentario por David V. — 7 junio 2006 @ 6:41 am | Responder


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