Como recordaréis, nos habíamos quedado en que, por fin, el 3 de abril informaron oficialmente de que no había ningún candidato para ser elegido director/a del centro. Y que nosotros, el 7 de abril, pusimos en conocimiento de la delegada provincial, verbalmente -aprovechando la reunión que teníamos con ella- y a través de un escrito con registro de entrada, que nos ofrecíamos voluntariamente con ilusión y ganas de trabajar para asumir la responsabilidad que entraña ser equipo directivo de un centro, tratando con ello de evitar que asumiera dicha responsabilidad alguien que realmente no quisiera hacerlo. Pues bien, nuestro ofrecimiento quedó ahí y, como también sabéis, la delegada provincial nos dijo que lo que habíamos hecho nos honraba.
En cualquier caso, nos honrase o no, nosotros nos sentíamos satisfechos porque sabíamos que habíamos hecho lo que teníamos que hacer. En su momento no pudimos presentar candidatura porque ninguno reunía los requisitos de la convocatoria, pero dado lo extraordinario de la situación, decidimos dar un paso al frente y ofrecernos con ganas de trabajar e ilusión para conseguir que nuestro instituto funcionara mucho mejor de lo que funciona. A partir de ese momento, no nos quedaba más que esperar a ver qué hacían los que tienen la responsabilidad de tomar decisiones.
Desde el 7 de abril que hablamos con la Delegada Provincial hasta el viernes 9 de mayo nadie dijo nada, al menos que nosotros sepamos. Pero el viernes 9 de mayo, estando yo de guardia con un grupo de 1º de ESO, subió uno de los actuales jefes de estudio y me dijo que el inspector quería hablar conmigo. Bajé al despacho del director y allí me estaba esperando el inspector, con quien mantuve una conversación de media hora más o menos. Me dijo que quería hablar de la elección del nuevo equipo directivo y que ya sabía que habíamos estado hablando con la delegada y que yo me había ofrecido voluntariamente para asumir el cargo.
Nada más empezar la conversación, el inspector me dijo que él quería que la directora fuera una profesora concreta del centro (me dijo su nombre pero como todavía nadie lo ha comunicado oficialmente no lo pongo, aunque todo el mundo sabe quién es), me propuso que yo hablara con ella y que si nos poníamos de acuerdo pues formáramos el futuro equipo directivo. Sinceramente, no entendí que dijera lo que me dijo y le pregunté que si es que ella también se había ofrecido voluntariamente y por eso me pedía que habláramos las dos. Me dijo que no, que sólo me había ofrecido yo pero que él quería que fuese ella, aunque no me dio ninguna razón que me hiciera entender la situación. Entonces yo le dije que yo me había ofrecido porque parecía que era un gran problema que no hubiera ninguna candidatura y porque bajo ninguna circunstancia quería que por falta de candidatos siguiera el mismo equipo directivo y encima hubiera que agradecérselo, que ya estaba harta de que algunos parecieran víctimas. Pero que si él tenía ya a la persona que iba a asumir la dirección del centro pues que la nombrara y en paz.
El inspector insistió en que había pensado en esa profesora como directora pero que estaría bien que yo hablara con ella. Yo le dije que yo no quería un cargo a cualquier precio y que había condiciones que para mí eran irrenunciables. Además, le insistí en que yo había hecho mi ofrecimiento pero que si él ya tenía a la persona que iba a asumir el cargo de directora pues que la nombrase y en paz. Pero él insistió en seguir hablando conmigo y me preguntó que qué me parecía trabajar con esa persona, le dije que podría entenderme con ella pero no a cualquier precio. Le manifesté que entre mis condiciones estaban que en el nuevo equipo directivo no hubiera ninguno de los profesores que forman el actual equipo directivo, que tampoco estaba dispuesta a formar equipo con otro compañero que ya había sido director en otro centro y, por último, que en ese supuesto equipo directivo que formáramos tenía que haber alguna de las personas con las que yo contaba cuando hice mi ofrecimiento. Dejé claro que si estas condiciones se cumplían sí que podía entenderme con la profesora que él me decía pero volví a insistir en que si él ya tenía claro que quería que la directora fuese ella pues que fuera ella. Él insistía en que habláramos las dos y yo que estoy convencida de que no se pierde nada por hablar le dije que de acuerdo, que hablaría con ella. Finalmente, el inspector me preguntó que si yo hablaba con ella o ella hablaba conmigo, le dije que me daba igual pero que para quedar en algo que quedábamos en que ella hablaba conmigo. En eso quedamos, nos despedimos y como quedaban 10 minutos volví con el grupo de 1º de ESO con el que estaba haciendo la guardia.
Como ya he dicho, esta conversación tuvo lugar el viernes 9 de mayo, hubo varias cosas que no me gustaron de esa conversación. Primero que no entendí por qué ella, de hecho le pregunté que si ella no se había ofrecido por qué le gustaba más ella que yo y me dijo: no, no es eso Montse. Entonces le dije, por qué le gustaba menos yo que ella y nuevamente no contestó. Tampoco me gustó nada que el inspector me pidiera discreción. ¿Acaso teníamos algo que ocultar?, ¿acaso estábamos haciendo algo que no era correcto? Yo tenía claro que no tenía nada que callar pero como en el fondo soy obediente no dije nada. Bueno, a las personas que estaban dispuestas a trabajar conmigo sí les conté la reunión, me parecía que era mi deber hacerlo y, al resto de compañeros/as pues no tenía nada que contar como en otros muchos casos en los que ni les he contado ni me han preguntado nunca nada.
Pasaron los días y, sorprendentemente, nadie decía nada. La profesora elegida no hablaba conmigo a pesar de que con el inspector lo acordado fue que ella hablaría conmigo. Dejé pasar un fin de semana, un lunes, un martes y un miércoles. Y el jueves 15 de mayo me dirigí a ella y le dije que si podíamos hablar. Ella empezó diciéndome que no sabía si tenía algo que hablar conmigo. Sinceramente, ese comienzo no me gustó en absoluto; aún así yo le expliqué que me había dirigido a ella porque el viernes el inspector había estado hablando conmigo y me había dicho que habláramos las dos para formar un equipo. Ella me dijo que sí, que algo sabía pero que realmente a ella todavía no le había dicho seguro que iba a ser la directora, que algo le había dicho pero que no era seguro. Yo le dije que a mí el inspector me había dicho que él quería que ella fuera la directora y que me había pedido que hablara con ella para formar equipo. Como seguía sin hablar, le dije mis condiciones y tras muchos titubeos y poca claridad, acabó diciéndome que ella no tenía ningún interés en ser directora pero que si había que asumir la responsabilidad se asumía y que hasta que el inspector no le dijera nada seguro no podía decirme nada, que ya hablaría conmigo en ese momento pero que, de todas formas, como a quien se nombra es al director o directora pues él o ella formaría su equipo. Sinceramente, me pareció que no era lo mismo lo que me había dicho el inspector y lo que me estaba diciendo ella. No obstante, siempre dejo que pase el tiempo y las personas puedan explicarse y seguí esperando. Aunque a estas alturas de la película me empezaba a molestar tanta petición de discreción, tan poca transparencia y tanto misterio. Y me preguntaba qué pretendían.
Los días pasaban y nadie decía nada. Un día, un compañero al que yo le había contado que nosotros nos habíamos ofrecido, me dijo que ya se sabía quién iba a ser la directora y que lo sabía porque el inspector se había reunido con ella y él estaba de guardia con otra compañera que tuvo que cubrir su clase. Pero seguía el misterio, todo permanecía oculto, nada salía a la luz. Llegamos así al claustro del martes 20 de mayo, en él otro compañero pregunta al director actual si se sabe algo sobre la elección del nuevo director o directora. Le dice que no se sabe nada, que sabe que se está hablando con algunos profesores pero no se sabe nada más. El compañero sigue preguntando que por qué no ha venido el inspector a hablar con el claustro y que le parece que eso era tener muy poca sensibilidad con los profesores y profesoras del claustro. El director dice que él no sabe nada y que si quiere eleva su queja. Pero nadie aclara nada, sigue el misterio.
El 26 de mayo, otro compañero me dice que ya se sabe cuál es el futuro equipo directivo y me dice que si yo sabía si era verdad. Yo le dije lo que yo sabía, porque me habían pedido discreción pero no que mintiera. Es más, si ese compañero sabía todo era porque alguien lo había contado y desde luego no había sido yo, de hecho él me dio información que yo no tenía. Lo que él no sabía era que yo me había ofrecido pero de lo demás sabía muchísimo más que yo. Yo lo único que sabía es que la elegida había quedado en hablar conmigo y que no había hablado, nada más. Parece que llegó un momento en el que ya interesó soltar la noticia y que el rumor corriera. Y una vez más, en lugar de informar oficialmente de los asuntos importantes se hablaba en corrillos, ¡qué profesionalidad!
Así estaban las cosas, cuando el martes 3 de junio, si no recuerdo mal, vienen al centro la delegada provincial y el inspector y se reúnen con la supuestamente elegida, y parte de su supuesto equipo. Y siguen sin decir nada. Sinceramente, no me parece una forma educativa de actuar. Tengo clarísimo que es la delegada provincial quien nombra al nuevo director o directora, y entiendo que pueda considerar que sean otras personas las idóneas para hacerse cargo de la dirección del centro, pero me sorprende esta forma ocultista de solucionar lo que en principio parecía un problema, a saber: la falta de candidatos/as para asumir la dirección del centro. Y me pregunto, ¿por qué se tiene que tratar este tema de forma soterrada y como queriendo ocultar algo?, ¿cómo vamos a educar al alumnado en la democracia y en la importancia de la asunción de responsabilidades si desde la propia institución educativa transmitimos que hay que esconder e ir por detrás a la hora de organizar el equipo directivo de un centro educativo?
Por otra parte, creo que tanto el inspector como la delegada deberían haber hablado conmigo aunque fuera sólo para decirme: Montse, hemos pensado esto o lo otro y, aunque tu ofrecimiento te honra -eso me dijo la delegada el primer día-, no vamos a contar contigo para formar el nuevo equipo directivo. A mi juicio, esta pequeña conversación también les habría honrado a ellos. ¿Vosotros/as qué pensáis?
En fin, al final parece que eso de que nadie quería ser equipo directivo no era tan cierto, parece que había gente con ganas pero no se atrevía a decirlo. Lo que no consigo entender es dos cosas:
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¿Por qué están tan enfadados lo que reunían los requisitos y no se presentaron porque no quisieron?, ¿acaso es que querían ser directores pero querían aparentar no querer?
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¿Por qué los elegidos también quieren dar a entender que no querían si estaban deseando?
El pescado está vendido y es verdad que cada cual lo vende y lo compra como quiere pero si has dado una palabra no está de más cumplirla. Si habías dicho que ibas a hablar conmigo, no está de más hablar conmigo aunque sea para decirme que no cuentas conmigo para formar equipo. En fin, ¿se referirán a estos trapicheos cuando dicen que hay que tener formas no sé cómo? ¡Ah, no, qué tonta yo! Creo que se refieren a que cuando ya tenía hecho su equipo vino a hablar conmigo para pasarme la mano por el lomo y decirme que contaba conmigo, con mis proyectos, con todo lo que sé, ya que el año que viene iba a ser la directora del centro. Que ojalá que nunca se hubieran fijado en ella pero que ya que se lo habían ofrecido pues que iba a asumirlo. ¿Acaso esta abnegada compañera no sabe que si no quieres algo lo que hay que hacer es decir que NO? Espero que lo aprenda pronto porque la asertividad es una habilidad social imprescindible en un cargo como el de director/a.
En fin, a pesar de todo, nosotros estamos contentos porque nuestro objetivo no es tener un cargo sino que el instituto fucione. Que de nuestro esfuerzo y tesón hayan sacado provecho otros/as que saben nadar y guardar la ropa, da igual, lo importante es que va a haber un cambio y que el equipo directivo que tantas trabas nos ha puesto, que tanto nos ha hecho sufrir y que tantas iniciativas nuestras ha ignorado no va a estar el año que viene. Como dice Serrat, ya sabemos que corren buenos tiempos para la bandada de los que se amoldan a todo con tal de que no les falte de nada. Tiempos fabulosos para sacar tajada de desastres consentidos y catástrofes provocadas.Y también es importante que los hechos han puesto de manifiesto que las/os que dan lecciones de urbanidad tienen que apuntarse a sus propias clases.
Para terminar, decir que deseo que el año que viene y los siguientes mi instituto funcione bien, el instituto en el que fui alumna y ahora soy profesora, el instituto de mi pueblo, el instituto al que irán mis sobrinos. Haré todo lo que esté en mi mano para que así sea porque ahora, mañana y ayer, siempre me ha importado lo mismo: el bien de los alumnos y alumnas. Y para conseguir ese bien nunca he guardado silencio ante cosas manifiestamente injustas, antipedagógicas y abusivas.
Me voy a hacer la maleta que mañana me voy a Santander a hacer un curso de formación del profesorado de la UIMP que se titula “Filosofía y formación ciudadana”. Me voy con mi hermana Elena que va a hacer también un curso muy interesante sobre biotecnología. Así que estaré unos días sin actualizar el blog. Cuando vuelva tengo pendientes dos CIOs: el IX sobre los paradigmas educativos y el X sobre ¿Cómo ser mejor profesor? y dos memes: uno sobre felicidad que me pasó Juanjo y otro sobre el III encuentro de Edublog que me acaba de pasar Ramón. Y el 8 de julio las dos tías y los dos sobrinos mayores (Áureo y Montsita) nos vamos a Praga, billetes que compré y pagué sin posibilidad de devolución en pleno desarrollo de este oculto y extraño proceso de elección del nuevo equipo directivo. Yo no soy tonta, y sé que hay ciertas cosas que no convienen, no tenía miedo de perder los billetes de avión porque sabía que es mejor patrocinar a alguien quizás más manejable.
Un saludo, Montse.