Mis memorias es el título del primer trabajo que he propuesto a mis alumnos y alumnas de Psicología. Es una actividad que aprendí hace algunos años en una reunión de tutores y que, adaptándola a nuestros intereses y circunstancias, a veces propongo en mis clases. La actividad consiste en imaginar que cumplimos 70 años y hacemos balance de nuestra vida al mismo tiempo que se la contamos a alguien.
No creáis, no es nada fácil que los chicos y chicas acepten a la primera una actividad de este tipo, menos aún si dices que esas memorias las vamos a leer en clase, ahí es cuando empieza la protesta: ¡No, Montse, eso no!, yo hago el trabajo pero lo lees sólo tú - dice la mayoría. Entonces, me toca negociar para convencerles de que sólo será posible crear un clima de confianza en la clase si todos y todas ponemos de nuestra parte y compartimos emociones, deseos e ilusiones. Les digo que es verdad que eso es un riesgo pero sólo el que arriesga gana. Les reconozco que mostrar nuestros sentimientos nos hace más vulnerables pero también les hago caer en la cuenta de que nos abre caminos en la búsqueda de la felicidad. Una vez que han tomado conciencia del riesgo que entraña este tipo de actividades y han sopesado sus pros y sus contras, casi siempre acaban asumiendo el riesgo y poniendo cada uno/a de su parte para empezar a construir ese clima de confianza y bienestar que hará que las clases sean más fructíferas en todos los sentidos.
Después de unos días, y tras ir venciendo poco a poco sus primeras reticencias, el viernes pasado empezamos a leer en voz alta las memorias que han escrito (algunas son fantásticas, les he dicho que sería maravilloso compartirlas con más gente a través de este blog pero todavía no me han dado autorización para publicarlas, estamos en proceso de negociación y diálogo, veremos en qué queda).
Ayer, lunes, seguimos con las lecturas de la memorias. Creo que cada vez están más a gusto escuchando lo que sus compañeros y compañeras escriben, descubriéndose en facetas de la vida que habitualmente no se tratan en clase y reconociéndose en deseos, ilusiones y emociones que casi todos expresan en sus memorias.
He de confesar que en esta ocasión, además de la negociación y el diálogo, he tenido que ceder al “chantaje emocional”, pues aceptaron la actividad con la condición de que yo me comprometiera también a realizar mis memorias y a leerlas en clase. Así que, como hay que predicar con el ejemplo (y me gustaría que ellos y ellas también las publicaran en el blog), ahí van mis memorias:
Hoy, 31 de octubre de 2038, día de mi 70 cumpleaños, quiero aprovechar esta fiesta de despedida que con tanto cariño me habéis preparado para compartir con vosotros y vosotras lo que ha sido mi vida, una vida que he intentado vivir de forma auténtica y humana y en la que, además de mi familia, vosotros -mis alumnos y alumnas- habéis ocupado siempre un lugar destacado.
Como sabéis, nací un 31 de octubre, dice mi madre que nacer ese día no fue por casualidad sino porque mi abuelo Holofernes (su padre) se pasó todo el mes haciendo fuerza para que yo naciera ese día porque era el día Internacional del Ahorro y la entonces Caja de Ahorros de Cuenca daba un premio a los niños y niñas que nacieran ese día. Así que nada, mi abuelo y yo nos empeñamos y ¡ganamos el premio!
De mi infancia apenas recuerdo nada, de hecho a veces lo he pensado y no recuerdo nada de mis hermanos, ni de los que eran mayores que yo ni de los que eran más pequeños. No sé qué explicación podría darse sobre el asunto, pero siempre me ha resultado muy extraña esa falta de recuerdos de las personas que finalmente han resultado tan importantes en mi vida. El único recuerdo que tengo de mi primera infancia es el venir de la escuela y sin subir ni siquiera a mi casa, quedarme en la tienda de mi madre sentada en un posete que había al lado de la puerta frente al mostrador. Recuerdo que me pasaba las horas muertas allí sentada mirando a las mujeres que iban a comprar y disfrutando de la compañía de mi madre. ¡Qué le vamos a hacer, siempre he sido una enmadrada y a día de hoy todavía no soporto tener que vivir en un mundo en el que ella ya no está!
Quizá porque pasé muchas horas en la tienda, heredé de mi abuelo y de mi madre la vocación por el comercio. Desde muy pequeña me gustó estar en la tienda, atender a las mujeres (¡casi nunca iban hombres a la tienda!) y compartir con ellas conversaciones, risas, penas, historias… Es más, si hoy no fuera profesora estoy segura de que sería comerciante, al fin y al cabo ambas profesiones comparten algo que a mí me apasiona: el trato con personas.
Otro recuerdo imborrable de mi infacia es lo que madrugábamos mis hermanos y yo el día de Reyes. Nos gustaba levantarnos muy temprano, casi de noche, para descubrir qué regalos nos habían dejado ¿los Reyes Magos?, ¿mi familia?, no sé, daba igual quiénes fueran, lo importante era que los regalos estaban ahí. Y de todos aquellos regalos, el que más me gustaba a mí era una especie de molinillo donde metíamos las figuritas de chocolate de Reyes Magos que todos los años nos dejaban. ¡Qué divertido y placentero era eso comer desde bien temprano figuritas de chocolate que previamente habíamos destrozado pasándolas por el molinillo!
…
Soy incapaz de seguir, dos son los motivos: 1) estoy un poco vaga y 2) las ideas se agolpan en mi mente y no consigo ordenarlas. En unos días lo vuelvo a intentar.
Hasta entonces, un saludo, Montse.
Cada año intento mejorar un poco los apuntes que ofrezco a mis alumnos y alumnas; por eso, aprovechando que este año no doy Filosofía en 2º de Bachillerato, decidí descolgar los apuntes para ir poco a poco retocándolos y mejorándolos en la medida en que pudiera. Pero como esta mañana me habéis pedido por favor que si podía colgarlos ya los tenéis de nuevo en el apartado de 