Este año, por primera vez en mi vida, tengo la suerte de compartir el aula con chicos y chicas de 2º de ESO gracias a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Como soy de Filosofía, nunca había tenido alumnos tan pequeños, la mayoría de mis alumnos han sido de bachillerato y como mucho de 4º de ESO. Pero la nueva y vapuleada Educación para la Ciudadanía me ha permito conocer cómo son los alumnos y alumnas de 2º de ESO. En general, la experiencia me ha resultado muy gratificante. Como todo en la vida, dar clase a los chicos y chicas de 2º de ESO, tiene sus pros y sus contras pero hasta ahora yo he encontrado más pros que contras, así que el balance es positivo.
Y, con respecto, a la asignatura, no entiendo por qué tanto alboroto, porque no se trata nada más que de estudiar el funcionamiento de las actuales sociedades pluralistas y democráticas en las que existe un Estado de Derecho cuyas leyes están inspiradas en los valores mínimos que subyacen a la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada en París el 10 de diciembre de 1948.
Quizá, el alboroto se ha debido al nombre de la asignatura, ya que más que Educación para la Ciudadanía, la asignatura se tendría que haber llamado Educación para la Hipocresía porque todo lo que enseñamos en ella es justo lo contrario de lo que la mayoría de las personas que habitamos este mundo “humano” hacemos y vemos hacer constantemente.
¡Qué Educación para la Ciudadanía ni qué ocho cuartos puede haber en un centro educativo en el que las actitudes racistas, xenófobas, machistas y dictatoriales están a la orden del día! ¡Qué Educación para la Ciudadanía ni qué cuentos puede haber en un mundo en el que, poniendo la crisis económica como excusa se está intentado justificar una rebaja en los Derechos Humanos de las personas inmigrantes!
¿Por qué ponen el grito en el cielo unos y otros si en el fondo son los mismos perros con distintos collares? Unos porque dicen defender ciertos valores inspirados en ciertas creencias que luego no ponen en práctica y otros porque dicen defender ciertos valores inspirados en cierta teoría sobre la justicia social que a la hora de la verdad brilla por su ausencia.

No estaría de más que unos, otros y los demás allá, fuéramos capaces de ponernos en el lugar de los más desfavorecidos e intentáramos contestarnos a la pregunta: ¿cómo nos gustaría que nos trataran a nosotros si tuviéranos que irnos a otro país? Seguro que no nos gustaría que nos pasara lo que escribía ayer Rezki Soukehal Bov-Nadja desde San Sebastián en la Sección de Cartas al Director de El País:
Dicriminación
Soy un ciudadano de origen argelino, con más de 19 años de vida en este país, y quiero denunciar el mal trato y la discriminación que vengo sufriendo por parte de las autoridades policiales. El último capítulo me sucedió el pasado 16 de febrero en el control aduanero del aeropuerto de Bilbao. Cuando regresaba de un viaje vacacional a Túnez, sufrí el desprecio y la humillación por parte de los agentes de la Guardia Civil que, al registrar mi equipaje, me obligaron de malos modos a comer unos dulces que traía de regalo; al recriminarle su actitud burlesca, sólo recibí, en varias ocasiones, gritos y frases racistas como: “Si te tratan mejor en tu tierra quédate allí”. Permanecí callado mientras en el agente seguía gritándome cada vez más cerca de mi cara. Al contestarle que soy ciudadano español y ver mi pasaporte español, se molestó aún más y continuó con su actitud ofensiva. No es la primera vez que me pasa, ya que en mi lugar de residencia, San Sebastián, ya se por parte de la Policia Nacional ya sea por la Ertzaintza, he tenido que aguantar otros tratos igual de humillantes y soportar comentarios racistas y xenófobos.
No soy ningún delincuente ni tengo asuntos pendientes con la justicia, pero siento que estoy condenado de por vida por parte de los funcionarios que representan al Estado y que deberían estar al servicio de todos los ciudadanos. He intentado hacer esta denuncia recurriendo a asociaciones solidarias y sindicatos, pero sólo he encontrado puertas cerradas.
¿Cómo puede ser que pasen estas cosas en un país en el que supuestamente la mayoría se declara católica si en el catolicismo se dice que todos somos hijos de Dios y todos somos hermanos? No entiendo nada. Allá por el curso 95/96 cuando yo estaba en el IES “Práxedes Mateo Sagasta” de Logroño, una alumna de 4º de ESO me entregó un trabajo de sobre los Derechos Humanos en cuya portada decía: “Derechos Humanos: ¿Hipocresía o estamos Locos?” . Y este año, una alumna de 2º de la ESO me ha preguntado en una de las clases de Ciudadanía: Montse, ¿por qué firman los Derechos Humanos y luego no los cumplen?, ¿por qué hay tanto cinismo? Yo no le he sabido responder, ¿alguien puede ayudarme?
Un saludo, Montse.