Hace unos días, en clase de Filosofía con mis alumnos y alumnas de 2º de Bachillerato C, salió el tema del golpe de estado de 1981. Ese día les prometí a los chicos y chicas un post sobre cómo viví yo (en aquel momento una niña de tan sólo 12 años) la noche del 23 de febrero de 1981.
Mi intención era escribir ese post y publicarlo el día del aniversario de aquel macabro suceso. Pero ayer, día del aniversario, estuve todo el día en Madrid y cuando llegué no tenía ganas de nada más que de tumbarme en el sofá. ¡Qué agotador es Madrid cuando una no vive allí! Cuando una vive allí, va de un sitio a otro sin percatarse de lo agotador del asunto pero cuando una se vuelve a instalar en la comodidad de un pueblo, las distancias de la gran ciudad se vuelven pesadísimas. Y si a esto añadimos que cuando se va Madrid se quiere hacer en un día lo que viviendo allí harías en varios pues… Acabas agotada.
Bueno, a lo que iba, ayer, día del aniversario del 23 F, en lugar de dedicarme tranquilamente a escribir mis vivencias sobre el 23 F del 81 tal y como había previsto, me “engarbé” en el coche a las 8:30 con destino a la Facultad de Veterinaria de la UCM porque mi hermana Elena necesita un certificado de notas para saber cuántos créditos le quedan para acabar su segunda carrera (es licenciada en Ciencias Biológicas y le quedan sólo un año para serlo también en Ciencia y Tecnología de los Alimentos).
A media mañana llegas a la Ciudad Universitaria y no sabes qué hacer con el coche pero finalmente encuentras un sitio en el “culo del mundo”. Y nada más llegar a la Facultad de Veterinaria, después de haber cruzado a pie por un puente infernal la A6, te encuentras con Gema, una de las mejores amigas de mi hermana Mari Carmen. Gema es médico como Mari Carmen, ha estado de cooperante en varios países de África y tiene en mente continuar su labor de cooperación por Asia, pero antes de ello ha decidido volver a estudiar y casualmente ha elegido como segunda carrera la misma que Elena. ¡El mundo es un pañuelo!, como todas/os sabemos.
Después de una buena parrafada con Gema, hablando de cómo pasa el tiempo, empiezas con el papeleo por aquí y por allá, cruzas nuevamente la A6 por arriba y por abajo para pagar las tasas del certificado, lo que conlleva pasear por la Ciudad Universitaria casi 20 años después… Entre unas cosas y otras, se te hacen las 13:30 horas y como la cafetería de la Facultad de Veterinaria está en obras tienes que hacer nuevos planes para comer.
Visto lo visto, te vuelves a “engarbar” en el coche y por la A6 te diriges hacia uno de los museos que a nosotras nos gusta visitar cuando vamos a Madrid. No voy a especificar qué tipo de museos son, mi madre y mis hermanas saben perfectamente a cuáles me estoy refieriendo. Eso sí, antes de llegar al museo haces una parada de avituallamiento en alguno de los lugares conocidos.
Bueno, una vez que la panza está llena, te diriges a los museos, vas museo, coche, museo, coche, museo, coche. Hasta que llega la hora de la dentista que era otra de las cosas importantes que había que hacer en madrid en el día d. Y es que cuando yo estaba estudiando en Madrid tuve la suerte de encontrar por casualidad a la mejor dentista del mundo y aunque he tratado de buscar uno o una más cerca de casa, al final como Gabriela nadie. Y como resulta que me ha salido una fístula en un diente, cosa rara y poco habitual pero que a mí me ha tocado, he decidio volver a visitar a la Dra. Castillo después de unos años sin vernos. ¡Qué alegría volver a verla y seguir sintiendo intacta la confianza que tengo en ella y con ella!
Después de un rato de exploración, radiografía, test de vitalidad y no sé cuántas cosas más; me manda a otro clínica para que me hagan una Ortopantomografía (radiografía panorámica de la boca, en términos más simples). Así que me “engarbé” nuevamente en el coche con la intención de conseguir la prueba que necesitaba Gabriela. Y menudo está Madrid ahora para aparcar, hay que pagar por todo, si no es zona azul, es zona verde y si no es colorada, el caso es sacar “perras” por todo.
En busca de la ortopantomografía, a eso de las 18:45 horas, a mi hermana Elena se le ocurre la inteligente idea de llamar a la clínica para asegurarnos de que nos podían atender. Gabriela había dicho que no hacía falta cita previa y que nos daba tiempo, pero resulta que no, que no hacía falta cita previa siempre que fueras entre las 10:00 y las 16:00 horas. Le explico que yo iba desde Ciudad Real y que me harían un gran favor (pagando, claro, que éstos no regalan ni la simpatía) si nos pudieran atender hoy. La chica ni se inmuta, dice que están a punto de cerrar y que vaya otro día. Como si 180 kms fueran moco de pavo, ¡qué poca humanidad tienen algunas personas! En fin, habrá que ir otro día entre las 10:00 y las 16:00, ¡qué pesaditos!
Así las cosas, de perdidos al río, nos metimos en otro museo, miramos algunas cosas que queríamos ver y después buscamos la cafetería y a merendar tranquilamente. Cuando estábamos en plena merienda nos dimos cuenta de que habíamos dejado el coche en el parking y no nos habíamos fijado en qué plaza lo habíamos aparcado. Nos partíamos de risa de nosotras mismas, nos decíamos: si es que somos unas “rednecks”, jajaja; sales del pueblo, llegas a un museo y sales del coche como loca, jajaja… Vamos, estuvimos un rato riendo acosta de nosotras mismas, esa risa tonta que te entra cuando estás totalmente agotada, pues ésa nos entró. Y después, dos horas más de coche con una noche cerrada que no permitía ver nada y con una salida de Madrid que no controlábamos porque nunca la habíamos utilizado.
Vamos, que fue un 23 F completo, sobre todo nos paseamos con el coche por todo Madrid: Ciudad Universitaria, Las Rozas, Moncloa, Argüelles, Plaza España, Gran Vía, calle Alcalá, Cibeles, Neptuno, Atocha… Este día tan ajetreado ha sido el motivo por el que no he podido escribir lo que prometí a mis chicos y chicas de 2º Bachillerato C, pero soy de palabra y la promesa sigue en pie.
Sólo quería explicaros por qué no he podido escribir sobre mis vivencias del 23 F del 81 y mirad cómo me he enrollado, con razón dicen mis alumnos y alumnas que hablo mucho. Bueno, además de explicar por qué no he escrito lo que había prometido, quería contaros que la noche del aniversario del 23 F, soñé algo angustioso, casi tan angustioso como los momentos vividos por muchos españoles aquel fatídico 23 F. Pues bien, mi sueño era el siguiente: Después de más de 15 años de haber acabado mi carrera y después de todo el sufrimiento que ha supuesto el aprobar las oposiciones, no sé cómo me entero de que ha habido asignaturas que no cursé en su momento y, por lo tanto, no tengo oficialmente el título de Licenciada. ¡Qué angustia!, ¡qué horror!, ¡qué malestar! No sabía qué hacer, me decía a mí misma: yo no digo nada, si ya tengo el título de funcionaria de carrera y no se van a enterar de que no tengo la carrera completa; al rato me decía, pero como se enteren y no diga nada va a ser peor.

Menos mal que en medio de la angustia me desperté y me di cuenta de que todo era un sueño. Menos mal que en el momento que me desperté no me pasó lo que a Descartes y pude diferenciar la vigilia del sueño. No obstante, me resultó muy curioso que ambos sucesos, el aniversario del 23 F y el indeseable sueño de no tener acabada mi carrera sucedieran el mismo día. No sé si será casualidad o habrá alguna conexión entre estos macabros acontecimientos, en cualquier caso a mí me sorprendió que se produjeran juntos. Y, me dije a mí misma, mañana escribo un post sobre esta conexión con el título 23 F y otras angustias. Dicen que cuando sueñas algo malo tienes que contarlo para que no suceda y como ninguno de los dos acontencimientos quiero que se produzca aquí me tenéis cuenta que te cuenta.
Por cierto, nunca jamás me había pasado lo de soñar que no había acabado mi carrera, había oído a compañeras/os contar que a ellos/as sí les había pasado. Me resultaba muy extraño y pensaba que algo debía pasar para que eso sucediera. Pero fíjate por donde, últimamente yo he soñado dos veces lo mismo, la primera vez hace unos meses, soñé que no había cursado Alemán III de 3º y ayer soñé que me faltaba cursar Sociología II de 4º curso. ¿Por qué estas dos asignaturas?, ¿habrá alguna razón que explique todo esto?, ¿qué diría Freud sobre este asunto?, ¿hay alguien que pueda decirme algo?
Un saludo carnavalero, Montse.


El día 23 del pasado mes de enero escribía el post titulado