Esta tarde he tenido una extraña sensación: de pronto, sin saber cómo ni por qué, ha sido como si alguien hubiera dado marcha atrás en el tiempo y me encontrara nuevamente a finales de mayo del año 2000. ¿Qué extraño suceso estaba ocurriendo que me había hecho retroceder 8 años de mi vida?, ¿qué me estaba pasando?, ¿sería verdad lo que dice Descartes acerca de la imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño? Estaba confusa, no alcanzaba a entender lo que me estaba pasando.
Afortunadamente, la confusión no duró mucho. En seguida caí en la cuenta de que no se trataba de un pasó atrás en el tiempo sino de volver a vivir la misma situación vivida hace ya ocho años. Os cuento: Allá por mayo del año 2000, en la sesión de evaluación final de los alumnos y alumnas de bachillerato pedí que a la hora de asignar las matrículas de honor a las chicas y chicos que tienen más de un 9 de media se tuviera en cuenta la nota media sin religión que es, en definitiva, la media que cuenta en la PAU (selectividad), para obtener una beca y para acceder a una plaza universitaria. Dicha petición la realicé en base a unos argumentos, a saber:
- Las creencias religiosas (sean las que sean) no deben ni favorecer ni perjudicar a quien las posee.
- La Religión no es una disciplina del conocimiento sino una doctrina; no es una disciplina del conocimiento sino una creencia. Por lo tanto, no es una disciplina académica (materia) como las restantes.
- Precisamente por ser una creencia, los profesores y profesoras no son elegidos/as por un procedimiento objetivo (a través de un examen, por ejemplo) sino que son elegidos directamente por la autoridad religiosa de turno (en el caso de la religión católica el obispo de la provincia).
En aquel mayo de 2000, algunos/as se llevaron las manos a la cabeza por mi atrevimiento al pedir que las creencias religiosas, que deben ser libres y desinteresadas, no sirvieran para discriminar a nadie, ni para bien ni para mal. ¡Qué osadía la mía! Hoy, 8 años después, he vivido la misma situación. Y, nuevamente, algunos/as se me han echado encima y me han tachado de intolerante por defender que las creencias religiosas no favorezcan ni perjudiquen a nadie. Precisamente porque son creencias deben ser libres y no deben tener repercusiones ni positivas ni negativas.
Así las cosas, manifestando claramente que defiendo la libertad religiosa – insisto en ello para evitar que algunos/as oportunistas tergiversen interesadamente mi postura y traten de hacerme pasar por lo que no soy- defiendo sin tapujos que la nota media que hay que tener en cuenta a la hora de otorgar una beca, una matrícula de honor o una plaza universitaria es la nota media sin religión. Pues, ¿qué pensaríamos de una empresa que decidiera dar un trabajo a alguien tomando como criterio que no profesa la religión católica? ¿De verdad alguien puede defender como criterio objetivo y racional a la hora de otorgar un mérito académico o profesional que una persona siga o no una religión?
No estaría de más que algunas/os se leyeran el libro de Adela Cortina Ética de la Sociedad Civil. Cortina, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, persona profundamente católica, pone de manifiesto que una cosa es la ética de mínimos o de la justicia (universalizable y exigible a cualquier ser racional) y otra la ética de máximos o de la felicidad (los distintos modelos de felicidad que respetando los mínimos de justicia se pueden ofrecer pero nunca exigir y por los cuales nadie puede ser discriminado -ni para bien ni para mal-. La religión forma parte de estos máximos de felicidad).
Pero como la ignorancia es muy atrevida. Ahí estaban los/as que siempre dan lecciones (¿de qué?) diciéndome a mí que yo quería imponer mi criterio. Yo no pretendo imponer nada, pero estamos en el siglo XXI, hace ya siete siglos que Ockham (religioso de pro, nada sospechoso de ateísmo) propugnó la separación entre la Fe y la Razón. Después de él, los ilustrados sin proclamar el ateísmo de la razón, defendieron una razón crítica y autónoma. Y, hoy, en pleno siglo XXI, la sociedad civil parece tener claro que las creencias pertenecen al ámbito privado y que ninguna persona puede ser discriminada, beneficiada o perjudicada, por sus creencias.
La propia Consejería de Educación, en su portal de educación establece lo siguiente para LA COMPUTACIÓN DE LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN (copio textualmente): En el Bachillerato, y con el fin de garantizar el principio de igualdad y la libre concurrencia entre todos los alumnos, las calificaciones que se hubieran obtenido en la evaluación de las enseñanzas de Religión no se computarán en la obtención de la nota media a efectos de acceso a la Universidad ni en las convocatorias para la obtención de becas y ayudas al estudio que realicen las administraciones públicas cuando hubiera que acudir a la nota media del expediente para realizar una selección entre los solicitantes.
Es lamentable que algunos educadores pretendan dar lecciones de democracia y nos tachen a otros de querer imponer nuestro criterio, cuando nuestro criterio es el establecido por la Constitución Española, por las leyes educativas y, en general, el aceptado por la sociedad civil. En fin, siempre va a dar lecciones quien… Escuchad cómo lo dice Serrat:
Los macarras de la moral, sin prisa pero sin pausa, como el “calabobos”,
desde la más tierna infancia preparan el cebo: “si no te comes la sopa te llevará el coco…”,
“los tocamientos impuros te dejarán ciego…” y te acosan de por vida azuzando el miedo,
pescando en el río turbio del pecado y la virtud, vendiendo gato por liebre
a costa de un credo que fabrica platos rotos que acabas pagando tú.
Son la salsa de la farsa, el meollo del mal rollo, la mecha de la sospecha, la llama de la jindama.
Son el alma de la alarma, del recelo y del canguelo, los chulapos del gazapo,
los macarras de la moral.
Anunciando apocalipsis van de salvadores y si les dejas te pierden infaliblemente.
Manipulan nuestros sueños y nuestros temores, sabedores de que el miedo nunca es inocente.
Hay que seguirles a ciegas y serles devoto, creerles a pies juntillas y darles la razón que:
“el que no se quede quieto no sale en la foto…”, “quien se sale del rebaño destierro y excomunión”.
Son la salsa de la farsa…
Sin prisa pero sin pausa, esos carcamales organizan sus cruzadas contra el hombre libre,
más o menos responsable de todos los males, porque piensan por su cuenta, sueñan y lo dicen.
Si no fueran tan temibles nos darían risa, si no fueran tan dañinos nos darían lástima.
Porque como los fantasmas, sin pausa y sin prisa, no son nada si les quitas la sábana.
Son la salsa de la farsa…
Pasen los años que pasen, yo seguiré defendiendo la absoluta libertad religiosa y para ello, haré lo posible por garantizar que las creencias religiosas no sirvan para discriminar a nadie en ningún sentido. Un saludo, Montse
Actualización: Tengo que dar las gracias a Ricardo por enseñarme dónde podía encontrar la canción y cómo subirla. Gracias Ricardo.








